Solía trabajar mucho—como 80 horas a la semana en un lugar donde prácticamente me estaba destruyendo. No me daba cuenta entonces, pero estaba buscando realización y propósito en el lugar equivocado. No era feliz en absoluto.
Me rompí el tendón de Aquiles y tuve que someterme a una cirugía y no pude trabajar. Me sentía sin valor.
Durante este tiempo Santo Domingo tuvo un retiro, y no tenía nada más que hacer, así que simplemente fui. Aquí sentí que Dios me pedía que lo dejara guiarme, lo que significaría que no podría trabajar tanto.
Poco tiempo después fui invitada a un viaje misionero a Haití e fui. Después de regresar, dejé mi trabajo y fui bendecida con uno en Caridades Católicas.
Mi vida ahora está llena de tanta alegría. Me estoy esforzando por servir a Dios a través de mi trabajo y servir a las personas en mi comunidad me ha traído gran significado y propósito a mi vida.

