Desde el principio de mi vida aprendí mucho acerca de Dios. Pero eventualmente Dios se convirtió simplemente en una idea, un concepto intelectual para mí.
No sabía qué era el amor desinteresado y por esto abordaba las relaciones como una forma de buscar mi propio beneficio. Ya fuera seguridad, satisfacción emocional, o usar a otros y permitirme ser usada a cambio.
Vivía en un mundo pequeñito donde mi felicidad se medía por lo que obtenía de quienes me rodeaban y nada en mi vida tenía verdadero propósito o significado. Buscar mi propio placer me había traído finalmente absolutamente nada.
Una noche finalmente enfrenté mi egoísmo, quién era yo, y en qué me había convertido. Clamé a Dios y le dije que lo sentía por los años de darle la espalda.
En ese momento, su luz, su misericordia, su compasión y su amor inundaron mi corazón y me ofreció vida en lugar de muerte, verdadero amor en lugar de lujuria.
Dios ya no es simplemente una idea intelectual para mí. Su amor me ha dado la verdadera intimidad que buscaba y da verdadero significado y propósito a cada parte de mi vida.

